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Charles Bukowski: vocero de las calles de Los Ángeles

Poeta de una ciudad en la que pasó casi toda su vida, Los Ángeles, Charles Bukowski hizo de esta metrópoli no solo el lienzo de fondo para sus historias, sino también un personaje con vida misma en la narrativa autobiográfica de su obra.

Llegado de Alemania a los tres años, Bukowski encontró en la Central Library de Los Ángeles un refugio de las palizas que su padre le propinaba; pero fue ahí también donde tuvo esos primeros encuentros con Fa
nte, Hemingway o Dostoievski, que definieron su interés por la escritura. La impresión que esta biblioteca tuvo en Bukowski fue tal que se convirtió en una referencia constante en sus poemas.

Pero si la Central Library definió su educación literaria, fueron las calles de L.A., con su andar por lugares sórdidos, rodeándose de gente de los estratos más bajos, las que definieron su estilo literario directo, seco, mordaz y  libre de artificios literarios. Ese estilo que lo convirtió en un vocero de Los Ángeles y los problemas de su habitantes.

Miserable empleado de correos que dejó claro que “cualquier idiota puede pedir un trabajo, pero solo un hombre sabio puede hacerlo sin trabajar”, con  su andar por las calles de Los Ángeles los casi 50 años de vida en que su trabajo no fue reconocido, Bukowski nos muestra que su genio literario no sería el mismo sin la influencia que la ciudad (y lo peor de ella) ejerció en él. Wisky, asfalto, policías, callejones y mujeres angelinas se respira en cada verso bukowskiano.

Gente cual flores

Qué cantos se oyen en las

calles;

la gente parece flores

al fin

 

la policía ha entregado las

placas

el ejercito ha hecho trizas los uniformes y

las armas. ya no hay necesidad de

cárceles ni periódicos, manicomios ni

cerraduras en las puertas.

 

una mujer entra a toda prisa por mi puerta.

¡TÓMAME! ¡ÁMAME!,

grita.

 

es preciosa como un puro

después de comerse un bistec. la

tomo.

 

pero cuando se marcha

me siento raro

cierro la puerta

voy a la mesa y saco la pistola

del cajón. tiene su propio sentido del

amor.

¡AMOR! ¡AMOR! ¡AMOR!, canta la muchedumbre en las

calles.

 

atravieso el vidrio de la ventana

de un balazo y me corto la cara y

los brazos. le doy a un chaval de 12 años

un viejo con barba

y una hermosa jovencita que parece algo así como una

lila.

 

la muchedumbre deja de cantar para

mirarme.

me quedo delante de la ventana rota

con sangre en la

cara.

 

-¡esto-les grito-, es en defensa de la

pobreza del individuo y en defensa de la libertad,

no del amor!

 

-dejadle en paz- dice alguien-, está

loco, ha llevado la mala vida durante

demasiado tiempo.

 

voy a la cocina

me siento y me sirvo

un whisky.

 

decido que la única definición de

Verdad (que cambia)

es que es esa cosa o acto o

creencia que rechaza

la muchedumbre.

 

alguien llama a mi

puerta. es la misma mujer otra vez.

es tan hermosa como encontrar una

rolliza rana verde en el

jardín.

 

tengo 2 balas y

uso las

dos.

 

no hay nada en el aire salvo

nubes. no hay nada en el aire

salvo lluvia. la vida de cada cual es muy corta para

encontrar significado y

todos los libros casi un

desperdicio.

 

me siento y los escucho

cantar

me siento y

los escucho.

Bukowski en modo shuffle

No hay nada que

discutir

no hay nada que

recordar

no hay nada que

olvidar

es triste

y

no es

triste

parece que la

cosa más

sensata

que una persona puede

hacer

es

estar sentada

con una copa en la

mano

hay cosas peores que

estar solo

pero a menudo toma décadas

darse cuenta de ello

y más a menudo

cuando esto ocurre

es demasiado tarde

y no hay nada peor

que

un demasiado tarde

una de las mejores líneas de Lorca

es,

“agonía, siempre

agonía…”

piensa en esto cuando

mates una

cucaracha o

recojas un hoja para

afeitarte

despertando en la mañana

para

enfrentar el

sol

Me emborraché una vez y se lo

conté a ella.

Cómo había vivido

en una choza de papel en Atlanta

renta semanal de un dólar veinticinco

sin luz

sin agua

sin sanitario

sin calefacción

 

sin nada en mis

bolsillos

ni siquiera un

centavo

 

helaba

 

sin amigos

 

mis padres a 3,000

millas de distancia

se negaban a

enviarme dinero

 

solamente

una carta de mi padre

de seis páginas

recordándome

mis fracasos

mi rechazo

a enfrentar

la realidad

 

de mi estupidez

de querer

ser un escritor

 

todos mis manuscritos

me eran devueltos

de las revistas

 

pesaba

198 libras y entonces

llegué a pesar 133

 

había un alambre

colgando sobre mi

cabeza

un alambre que alguna vez

albergó

una bombilla

 

alcancé aquel

alambre

sin saber si tenía vida

o no

 

agité mi mano

acercándola

más y

más

y después me detuve

 

vi algunos periódicos

en el suelo

 

no tenía papel

para escribir

y tiempo atrás había empeñado

mi máquina de escribir

 

noté que

cada página del

periódico tenía un ancho y blanco

margen en los

bordes

 

tenía un

trozo de lápiz

 

recogí el

periódico

y con el pedazo de lápiz

comencé a escribir

palabras

en los bordes

 

sentado en el umbral

congelándome a la luz de la luna

para poder

ver

escribí a lápiz

en todos los bordes

de todos los periódicos

en aquella choza.

 

me emborraché

una noche

y de nuevo le conté a ella

sobre la choza

 

ella dijo

“nunca antes había

escuchado esa historia.”

 

ella entonces subió

a su nuevo Fiat de diez mil dólares

que le regalé

en su cumpleaños

y condujo hasta

el supermercado de la esquina

para comprar nuestra

cena

de esa noche.

Una mujer, una rueda

ponchada, una

enfermedad, un deseo; temores ante ti,

temores que puedes estudiar

como las piezas de un

tablero de ajedrez…

no son las cosas importantes las que

llevan a un hombre al

manicomio. Estate preparado para la muerte o para

el asesinato, el incesto, el robo, el incendio,

la inundación.

No, es la serie continua de pequeñas tragedias

lo que lleva a un hombre al

manicomio…

no es la muerte de su amor

sino el cordón de su zapato que se rompe cuando tiene prisa.

 

El horror de la vida.

es ese enjambre de trivialidades

lo que puede matar más deprisa que el cáncer

y siempre están ahí:

la matrícula del automóvil o los impuestos

o la licencia para conducir vencida

o los contratos o los despidos,

hacerlo tú o que te lo hagan, o

el estreñimiento

o las multas por exceso de velocidad,

polillas o grillos o ratitas o termitas o

cucarachas o moscas y

la tela metálica que se

ha roto,

o pasarse

o no llegar,

o el lavamanos tapado o la casera borracha,

al presidente no le importa y el gobernador

está loco.

El interruptor de la luz roto, o el colchón como

un puerco espín,

105 dólares por la puesta a punto, el carburador y la bomba de

gasolina en Sears Roebuck,

y el recibo del teléfono que sube y la Bolsa

que baja

y la cadena del baño que se ha

roto

y la instalación de la luz que se ha quemado,

la luz de la entrada, la luz del frente, la luz de atrás,

la luz del interior; está más

oscuro que el infierno y

es el doble de caro.

y además siempre hay ladillas y uñas que se encarnan

y gente que insiste que son

amigos tuyos;

siempre hay eso y cosas peores:

grifos que gotean, Cristo y la Navidad,

el salami azul, 9 días de lluvia,

50 centavos de aguacates

y embutido de hígado

morado.

 

O meterse

de camarera en Norm’s con turno doble,

o de vaciador de

orinales,

o de lavacoches o de pinche de cocina

o de ladrón de bolsos de ancianas

que las deja gritando en la acera

con un brazo roto a la edad de

80 años.

 

De pronto 2 luces rojas en tu espejo retrovisor

y sangre en

la ropa interior;

dolor de muelas y 979 dólares por un puente

o 300 dólares por una muela

de oro,

y China y Rusia y Estados Unidos y

pelo largo y pelo corto y nada de

pelo y barba y sin rostro,

y muchos papeles de liar pero ninguna

hierba excepto tal vez la del jardín.

 

Con cada cordón de zapato que se rompe

de entre cien cordones de zapato que se rompen,

un hombre o una mujer o una

cosa

va a parar al

manicomio.

 

Así que ten cuidado

al agacharte.

Una mujer, una rueda

ponchada, una

enfermedad, un deseo; temores ante ti,

temores que puedes estudiar

como las piezas de un

tablero de ajedrez…

no son las cosas importantes las que

llevan a un hombre al

manicomio. Estate preparado para la muerte o para

el asesinato, el incesto, el robo, el incendio,

la inundación.

No, es la serie continua de pequeñas tragedias

lo que lleva a un hombre al

manicomio…

no es la muerte de su amor

sino el cordón de su zapato que se rompe cuando tiene prisa.

 

El horror de la vida.

es ese enjambre de trivialidades

lo que puede matar más deprisa que el cáncer

y siempre están ahí:

la matrícula del automóvil o los impuestos

o la licencia para conducir vencida

o los contratos o los despidos,

hacerlo tú o que te lo hagan, o

el estreñimiento

o las multas por exceso de velocidad,

polillas o grillos o ratitas o termitas o

cucarachas o moscas y

la tela metálica que se

ha roto,

o pasarse

o no llegar,

o el lavamanos tapado o la casera borracha,

al presidente no le importa y el gobernador

está loco.

El interruptor de la luz roto, o el colchón como

un puerco espín,

105 dólares por la puesta a punto, el carburador y la bomba de

gasolina en Sears Roebuck,

y el recibo del teléfono que sube y la Bolsa

que baja

y la cadena del baño que se ha

roto

y la instalación de la luz que se ha quemado,

la luz de la entrada, la luz del frente, la luz de atrás,

la luz del interior; está más

oscuro que el infierno y

es el doble de caro.

y además siempre hay ladillas y uñas que se encarnan

y gente que insiste que son

amigos tuyos;

siempre hay eso y cosas peores:

grifos que gotean, Cristo y la Navidad,

el salami azul, 9 días de lluvia,

50 centavos de aguacates

y embutido de hígado

morado.

 

O meterse

de camarera en Norm’s con turno doble,

o de vaciador de

orinales,

o de lavacoches o de pinche de cocina

o de ladrón de bolsos de ancianas

que las deja gritando en la acera

con un brazo roto a la edad de

80 años.

 

De pronto 2 luces rojas en tu espejo retrovisor

y sangre en

la ropa interior;

dolor de muelas y 979 dólares por un puente

o 300 dólares por una muela

de oro,

y China y Rusia y Estados Unidos y

pelo largo y pelo corto y nada de

pelo y barba y sin rostro,

y muchos papeles de liar pero ninguna

hierba excepto tal vez la del jardín.

 

Con cada cordón de zapato que se rompe

de entre cien cordones de zapato que se rompen,

un hombre o una mujer o una

cosa

va a parar al

manicomio.

 

Así que ten cuidado

al agacharte.

El viento sopla fuerte esta noche

Y es viento frío

Y pienso en los chicos

De la calle.

Espero que algunos tengan

Una botella de tinto.

 

Cuando estás en la calle

Es cuando te das cuenta de que

Todo

Tiene dueño

Y de que hay cerrojos en

Todo.

Así es como funciona la democracia:

Coges lo que puedes,

Intentas conservarlo

Y añadir algo

Si es posible.

 

Así es también como funciona

La dictadura

Sólo que una esclaviza

Y la otra destruye a sus

Desheredados.

 

Nosotros simplemente nos olvidamos

De los nuestros.

 

En cualquier caso

Es un viento

Fuerte

Y frío.

En video:

Fotos:

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revistavisperas.com

moonmagazine.info

poetasdelfindelmundo.com

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