Hierofantes

Somos un movimiento cultural de las artes del verso; uno que nace de la necesidad de ser con el otro: de la poesía siendo con el rap

Lo más popular

El cachorro de a Mexamafia, mejor conocido como Gera MXM, sigue consolidando su respetado

Desde muy temprana edad manifestó evidentes inquietudes literarias, tanto en la narrativa

Edson Lechuga [Puebla, 1970] no es él. Por eso la única forma de encontrarlo es buscar l

Suscríbete al newsletter

César Vallejo y los golpes como el odio de dios

Los heraldos negros*

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,

la resaca de todo lo sufrido

se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras

en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.

Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;

o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma

de alguna fe adorable que el Destino blasfema.

Esos golpes sangrientos son las crepitaciones

de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como

cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;

vuelve los ojos locos, y todo lo vivido

se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

.

*Publicado en Los heraldos negros, Editorial Perú Nuevo Lima, Perú, 1959.

César Vallejo tenía un destino que evadió. Su familia pretendía que fuera sacerdote. En cambio, decidió estudiar Filosofía y Letras, y después Derecho. A los 25 años publicó Los heraldos negros (1919), su primer poemario, una obra maestra de la poesía hispana.

Eventualmente abandonó Perú en búsqueda de una Europa que hervía de arte. Vivió en París donde fundó la revista Favorables París Poema, y donde fue retratado por Picasso. Después visitó Moscú, donde escribió Entre las dos orillas corre el río. Enseguida migró a España, de donde salió huyendo de la Guerra Civil pero ganando en cambio la inspiración para escribir España, aparta de mí este cáliz.

El más grande poeta peruano iba a ser sacerdote, pero terminó escribiendo sobre esos “golpes en la vida, tan fuertes… golpes como del odio de Dios”.

Sobre César Vallejo se ha dicho que…

Un poeta grande. Sintió el sufrimiento de su pueblo. No fue un snob. Yo odio a los snobs y a los burócratas, para mí son iguales, no sienten el sentimiento de la gente. Vallejo es un poeta sin piel, con su cuerpo sintió cómo sufre el universo

Yevgeny Yevtushenko

Demuestra que su poesía es superior a nuestras fuerzas, no cabe en ningún diccionario

Julio Ortega

Sabemos que Vallejo fue un hombre de carácter existencialmente desesperado y esencialmente bueno, hombre de profunda crisis moral, de atormentado desasosiego interior que padeció ante el panorama de la humanidad sufriente de entreguerras

Alberto Acereda

El más grande poeta universal después de Dante

Thomas Merton

Vallejo escribe como un hombre y no como un artista. Está más allá de nuestro entendimiento

Charles Bukowski

El poeta César Vallejo
que yace a los pies de su frente

Leonard Cohen

Foto: revistaanubis.wordpress.com
Foto: revistaanubis.wordpress.com

César Vallejo Shuffle

Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.

Hoy me palpo el mentón en retirada
y en estos momentáneos pantalones yo me digo:
¡Tanta vida y jamás!
¡Tantos años y siempre mis semanas!…
Mis padres enterrados con su piedra
y su triste estirón que no ha acabado;
de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,
y, en fin, mi ser parado y en chaleco.

Me gusta la vida enormemente
pero, desde luego,
con mi muerte querida y mi café
y viendo los castaños frondosos de París
y diciendo:
Es un ojo éste, aquél; una frente ésta, aquélla…
Y repitiendo:
¡Tanta vida y jamás me falla la tonada!
¡Tantos años y siempre, siempre, siempre!

Dije chaleco, dije
todo, parte, ansia, dije casi, por no llorar.
Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado
y está bien y está mal haber mirado
de abajo para arriba mi organismo.

Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga,
porque, como iba diciendo y lo repito,
¡tanta vida y jamás! ¡Y tantos años,
y siempre, mucho tiempo, siempre, siempre!

Se pedía a grandes voces:
-Que muestre las dos manos a la vez.
Y esto no fue posible.
-Que, mientras llora, le tomen la medida de sus pasos.
Y esto no fue posible.
-Que piense un pensamiento idéntico, en el tiempo en que un cero
permanece inútil.
Y esto no fue posible.
-Que haga una locura.
Y esto no fue posible.
-Que entre él y otro hombre semejante a él, se interponga una
muchedumbre de hombres como él.
Y esto no fue posible.
-Que le comparen consigo mismo.
Y esto no fue posible.
-Que le llamen, en fin, por su nombre.
Y esto no fue posible.

Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el hijar maduro del día.
Palpo el botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso.

Pienso en tu sexo, surco más prolífico
y armonioso que el vientre de la sombra,
aunque la muerte concibe y pare
de Dios mismo.
Oh Conciencia,
pienso, si, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.

Oh escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh estruendo mudo.

¡Odumodneurtse!

¡Y si después de tantas palabras,
no sobrevive la palabra!
¡Si después de las alas de los pájaros,
no sobrevive el pájaro parado!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo y acabemos!

¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte!
¡Levantarse del cielo hacia la tierra
por sus propios desastres
y espiar el momento de apagar con su sombra su tiniebla!
¡Más valdría, francamente,
que se lo coman todo y qué más da…!

¡Y si después de tanta historia, sucumbimos,
no ya de eternidad,
sino de esas cosas sencillas, como estar
en la casa o ponerse a cavilar!
¡Y si luego encontramos,
de buenas a primeras, que vivimos,
a juzgar por la altura de los astros,
por el peine y las manchas del pañuelo!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo, desde luego!

Se dirá que tenemos
en uno de los ojos mucha pena
y también en el otro, mucha pena
y en los dos, cuando miran, mucha pena…
Entonces… ¡Claro!… Entonces… ¡ni palabra!

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hermano, escucha, escucha…
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que mastico… y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de ferétro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.

Todos saben… Y no saben
que la Luz es tísica,
y la Sombra gorda…
Y no saben que el misterio sintetiza…
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.

Fotos:

poetasdelfindelmundo.com

revistaanubis.wordpress.com

28 noviembre, 2016
Apuntes al instante, un documental sobre Alfonso Reyes
Alfonso Reyes ha sido uno de los poetas, ensayistas y humanistas mexicanos más importantes,...
29 noviembre, 2016
‘Letras de diplomacia’ nos cuenta la vida de Rosario Castellanos
Una lámpara. Ese corriente objeto doméstico fue el culpable de la muerte de Rosario...

Deja un comentario

Tu correo no será publicado ni visible.